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Antes de darle más dinero a una campaña automática, escribe qué no puede tocar

Parte de la serie sobre tiempo de respuesta a los contactos

Las campañas automáticas deciden a quién pagar con tu dinero. Qué límites escribir antes de subirles el presupuesto y quién debe tener la última palabra en una pyme.

Accelera Nova Solutions

Llevamos tres semanas siguiendo una serie de artículos de Karan Dhir, un analista que dirige la medición de una gran cartera de marketing. Primero explicó por qué el informe de una campaña automática se pone su propia nota. Después, cómo apagar una parte de los anuncios para saber cuántos contactos traen de verdad.

La tercera entrega llega esta semana y va un paso antes. Se titula «Dale un mandato a la máquina antes de darle un presupuesto». Su idea cabe en una frase: antes de dejar que un sistema automático gaste tu dinero, escribe qué puede comprar, qué no puede tocar y qué dato lo para. Después es tarde, porque los resultados de la propia máquina se convierten en el argumento contra cualquier límite.

Si tienes una pyme que paga anuncios en Google o en Meta para que le entren contactos, esto va contigo, aunque gastes poco. Las campañas automáticas ya son la forma por defecto de anunciarse en las dos.

Dos máquinas con presupuesto y sin límites escritos

El autor empieza lejos de la publicidad, con dos casos que conviene conocer.

Knight Capital, 2012. Una mañana de agosto, el sistema de una empresa de bolsa tenía que ejecutar 212 órdenes de clientes. En los primeros 45 minutos envió más de 4 millones. La pérdida pasó de 460 millones de dólares y la empresa necesitó dinero de fuera en pocos días para sobrevivir. El regulador de los mercados de Estados Unidos encontró, entre otras cosas, que no tenía una descripción escrita adecuada de sus controles de riesgo.

Zillow, 2021. El portal inmobiliario usaba un algoritmo para comprar viviendas a sus dueños, reformarlas y revenderlas. En el tercer trimestre de 2021 el sistema compró 9.680 casas y la empresa vendió 3.032. Cerró el negocio, apuntó una pérdida de 304,4 millones de dólares por haber pagado más de lo que esperaba cobrar y anunció un recorte de alrededor del 25 % de la plantilla.

En ninguno de los dos casos falló «la IA» en abstracto. Falló el orden: el sistema recibió autoridad para gastar antes de que alguien escribiera hasta dónde.

En publicidad el dinero se va más despacio, y por eso nadie lo nota. Pero la forma del problema es la misma.

Qué es un mandato, en palabras normales

El autor lo define como la respuesta escrita a cuatro preguntas:

  1. ¿Qué intenta conseguir la campaña, con una definición que controlas tú?
  2. ¿Qué puede comprar?
  3. ¿Qué no puede tocar nunca?
  4. ¿Qué dato, sacado de dónde, la para?

A una persona a la que le das poder para gastar le das esas respuestas casi sin pensar: un puesto, unas normas, un tope de firma. A un programa casi nunca, porque llega con un panel lleno de gráficas y el panel parece supervisión.

Lo que la plataforma ya limita, y lo que no

Las plataformas sí escriben una parte de las reglas. El autor cita la documentación de ayuda de Google: una campaña puede gastar hasta el doble de su presupuesto diario medio en un día concreto, y no más de 30,4 veces ese presupuesto diario en un mes.

Es una regla clara, pero es una regla de ritmo. No dice nada de en qué se gasta. Nada en el producto limita, por sí solo:

  • cuánto se va en gente que ya buscaba el nombre de tu empresa;
  • cuánto se va en gente que ya es cliente tuyo;
  • cuánto se va en sitios donde nunca has comprobado si tus anuncios sirven.

La regla de ritmo protege la relación de facturación con la plataforma. Las de contenido te protegerían a ti, y esas te toca escribirlas.

Los controles existen, pero han llegado tarde. Según repasa el artículo, la campaña automática de Google se lanzó en noviembre de 2021 casi sin herramientas para limitar lo que compraba. La exclusión de búsquedas de marca llegó en 2023 y las palabras clave negativas para toda la campaña, lo más pedido desde el principio, en 2026. En ese tiempo, según datos de la empresa de software publicitario Optmyzr que cita el autor, en el 91 % de 503 cuentas la campaña automática aparecía en búsquedas que ya tenían su propia palabra clave, sin que se informara del coste.

En Meta, las campañas automáticas de ventas permiten poner un tope a lo que se gasta en clientes que ya tienes. Según el autor, ese tope es casi todo el mandato que el producto deja escribir.

Tres columnas: decide, propone, nunca

La parte más útil del artículo es una forma de ordenar las decisiones. Cada cosa que la campaña puede hacer va a una de tres columnas.

Lo que la máquina decide sola

  • cuánto pujar, dentro de los topes;
  • qué anuncio enseñar de entre los que tú aprobaste;
  • en qué sitio aparecer, dentro de una lista que tú has aceptado;
  • cómo repartir el dinero entre canales, sin pasar el tope de cada uno.

Aquí la automatización es buena y rápida. Déjala trabajar.

Lo que solo puede proponer

  • subir el presupuesto cuando dice que «está limitada por presupuesto»;
  • públicos nuevos;
  • canales o formatos nuevos, incluidos los que las plataformas van metiendo dentro de campañas que ya tienes;
  • contar como resultado algo nuevo.

Cada propuesta la acepta o la rechaza una persona con poder sobre el presupuesto, y queda apuntada. El autor lo dice sin rodeos: el sistema de recomendaciones de una plataforma es un canal de venta, y merece la cortesía y el escepticismo que le darías a un buen comercial.

Lo que no toca nunca

  • qué cuenta como resultado y cómo se reparte el mérito;
  • las búsquedas del nombre de tu empresa;
  • la zona o el grupo que reservaste para comparar sin anuncios;
  • lo que se gasta en clientes que ya tienes, por encima del tope;
  • el techo de presupuesto.

Es la columna que importa y la que casi todo el mundo deja vacía. Son las decisiones en las que el interés de la máquina y el tuyo se separan: si las deja en sus manos, puede mejorar su nota sin mejorar tu negocio. En palabras del autor, una máquina que puede cambiar su propia nota es una máquina sin mandato.

Qué dato para una campaña

El quinto punto del artículo es el que falló de forma más visible en Knight Capital: tener escrito qué lectura, sacada de qué fuente, pausa la campaña o le recorta el dinero.

La condición importante es la fuente. Si la regla dice «paramos cuando el coste por contacto del panel suba de X», no la vas a usar nunca: el panel cuenta como contacto lo que la propia campaña decide contar. La lectura que para una campaña tiene que salir de tus números:

  • cuántos contactos entran por tu puerta, por cada canal;
  • cuántos de esos pasan a visita, presupuesto o venta;
  • y, si haces la prueba de apagar una zona, qué pasa en esa zona.

Si todavía no cuentas el origen de cada contacto, ese es el primer paso, antes que cualquier hoja. Una pregunta tan simple como «¿cómo nos has conocido?», apuntada en el momento, ya cambia la conversación.

El registro de excepciones

Una hoja de límites que nadie revisa acaba siendo papel. El autor propone dos costumbres para que no pase.

Un registro de cada vez que una persona contradice a la máquina. Si alguien sube un tope, acepta una recomendación o pausa una campaña en contra de lo que aconseja la plataforma, se apunta qué se hizo, por qué y qué pasó después. Al cabo de un año, ese registro te dice qué límites estaban demasiado apretados, cuáles demasiado flojos y qué recomendaciones valió la pena aceptar. Sin registro, cada excepción es una discusión, y la máquina gana las discusiones porque informa más a menudo.

Una firma cada trimestre. La persona que responde del presupuesto relee la hoja y confirma que los topes siguen puestos, que la comparación sin anuncios sigue en marcha y que los resultados se han contado fuera del panel. Lo valioso no es el papel: es el rato en que alguien con autoridad se pregunta si la hoja sigue describiendo lo que hace la campaña.

Ejemplo: una clínica con una sola campaña automática

Ejemplo: una clínica privada con dos sedes paga una campaña automática para captar primeras visitas. La lleva una agencia y cada mes llega un informe con un coste por contacto razonable. Nadie ha escrito nunca qué puede hacer esa campaña.

La gerente dedica una tarde a escribir una página:

  • Objetivo: primeras visitas de pacientes nuevos, contadas en la agenda de la clínica, no en el panel.
  • Puede comprar: búsquedas de los tratamientos que ofrece, en las dos ciudades donde tiene sede.
  • No toca nunca: búsquedas del nombre de la clínica (van en una campaña aparte, pequeña) ni pacientes que ya están en la agenda.
  • Solo propone: subir presupuesto, públicos nuevos, formatos nuevos. Decide la gerente y lo apunta.
  • Se pausa o se recorta si: durante seis semanas seguidas las primeras visitas que llegan de anuncios, contadas en la agenda, no se mueven aunque el panel diga que sí.
  • Responsable: la gerente. Revisión cada tres meses.

No ha comprado nada ni ha cambiado de agencia. Ha decidido, por escrito, qué parte de la decisión es suya.

Lo que la hoja no arregla

Hay una trampa que conviene ver antes de culpar a la campaña. Si los contactos que llegan esperan horas a que alguien les conteste, la mejor hoja de límites del mundo mide sobre todo tu velocidad, no tu publicidad. Un anuncio bueno parece malo cuando sus contactos se enfrían en una bandeja.

Antes de recortar, comprueba que todos los contactos reciben respuesta rápida y con contenido, a cualquier hora. Si quieres ponerle números, la calculadora de coste por lead te ayuda a ver cuánto pierdes por cada hora de espera.

Qué hacer esta semana

  1. Lista tus campañas automáticas. Las de Google y las de Meta. Muchas pymes tienen alguna encendida desde hace meses sin que nadie sepa ya qué compra.
  2. Escribe una página por campaña con las cuatro preguntas: qué busca, qué compra, qué no toca nunca y qué dato la para. Ponle fecha y un nombre de responsable.
  3. Separa la marca. Pregunta a quien te lleva los anuncios si la campaña automática paga por las búsquedas del nombre de tu empresa. Si es así, decide tú qué hacer con ellas.
  4. Decide qué cuenta como resultado y dónde se cuenta. Si la respuesta es «lo que diga el panel», empieza por apuntar el origen de cada contacto en tu puerta.
  5. Abre el registro. Desde hoy, cada vez que se sube un tope o se acepta una recomendación, una línea: fecha, qué, quién y por qué.

Nada de esto pide software nuevo. Pide una conversación incómoda sobre qué no le dejas hacer a la campaña. El autor lo resume así: un mandato que nadie ha discutido todavía no está escrito.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Las campañas automáticas gastan más de lo que les pongo de presupuesto?

En un día concreto pueden. Según la documentación de ayuda de Google que cita el autor, una campaña puede gastar hasta el doble de su presupuesto diario medio en un día, sin pasar de 30,4 veces el presupuesto diario en el mes. Es una regla de ritmo: protege el total del mes, no dice nada de en qué se gasta.

¿Qué es eso de excluir las búsquedas de marca?

Es impedir que la campaña automática pague por aparecer cuando alguien busca el nombre de tu empresa. Esa persona ya te había elegido; si la campaña cobra por ella y luego se apunta la venta, su informe mejora sin que tú ganes ningún cliente nuevo. Google añadió esa exclusión en 2023, según recoge el artículo.

¿Tengo que aceptar las recomendaciones que me hace la plataforma?

No. Muchas son razonables, pero el autor recuerda que el sistema de recomendaciones de una plataforma es también un canal de venta. Trátalas como la propuesta de un buen comercial: escúchalas, decide tú y apunta qué decidiste y por qué.

Mis anuncios los lleva una agencia. ¿Esto es cosa suya?

La hoja es tuya, aunque la agencia te ayude a escribirla. Es quien paga quien decide qué no se toca y qué dato para una campaña. Una agencia seria agradece tener esos límites por escrito, porque también la protegen a ella cuando algo sale mal.

Si quieres saber cuánto te cuesta hoy cada contacto según cómo lo atiendes, tienes la calculadora de coste por lead de esta web.


El diagnóstico gratuito es media hora mirando cómo entra hoy un contacto en tu empresa, por qué canal, quién lo contesta y cuánto tarda, con la hora delante. Es lo que hace falta para que la regla que para una campaña salga de tus números y no de su panel.

Lo que hacemos está en la página del sistema de respuesta a los contactos: cada contacto con su origen apuntado, primera respuesta con contenido en menos de 60 segundos a cualquier hora y el aviso al comercial que le toca. Sin tarifa publicada: el alcance y el importe se cierran por escrito después del diagnóstico.

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Este artículo es de la serie Tiempo de respuesta a los contactos. Qué es el tiempo de primera respuesta, cómo se mide con lo que ya tienes y qué hacer con lo que entra cuando no hay nadie. Respuesta automática a los contactos que entran →

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