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Tres opciones y una recomendada: cómo contestar al cliente que te pregunta «¿qué me aconsejas?»

Parte de la serie sobre tiempo de respuesta a los contactos

Una prueba con tres asistentes de IA comprando zapatillas confirma algo útil para vender: una sola opción no convence. Cómo aplicarlo a la primera respuesta.

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Kristen Berman, científica del comportamiento y cofundadora de la consultora Irrational Labs, necesitaba unas zapatillas de fútbol sala. En lugar de ir a una tienda, se las pidió a tres asistentes de IA: ChatGPT, Claude y Muse, el de Meta. Y después puntuó cómo le habían planteado la decisión.

El experimento es pequeño y personal, y ella lo presenta así. Pero la conclusión sirve para cualquiera que tenga que contestar a un cliente que pregunta «¿qué me recomiendas?». Y en una pyme española eso pasa todos los días: en el concesionario, en la promotora, en la clínica, en la tienda.

Esto va de qué encontró, por qué funciona y cómo aplicarlo en la primera respuesta a un contacto.

Qué pasó con cada asistente

Berman los valoró por tres cosas: cómo plantean la decisión, cómo presentan las opciones y si dan algo con lo que comparar.

Uno acabó dando una sola opción. En cuanto ella dijo que su presupuesto era de 100 dólares, Claude pasó de cuatro zapatillas bien descritas a una. ChatGPT, en el chat de texto, también se quedó en un único modelo en dos colores, sin explicación. Su veredicto: así no se compra unas zapatillas de 100 dólares.

Otro dio tres opciones y una para empezar. La versión de ChatGPT que más le convenció le ofreció tres opciones con marca, precio y enlace, y señaló una como «la elección para empezar». Según ella, tener opciones más una guía de por dónde empezar le hizo sentirse mucho más cómoda.

Otro fue el más vistoso, pero falló en lo básico. Muse planteaba las preguntas como un juego y era el único que enseñaba fotos. Pero recomendó desde el principio unas zapatillas que no eran las adecuadas.

Y un apunte que no hay que perder: las descripciones de Claude eran las mejores de las tres. «Buenas para pie ancho» es el tipo de detalle que da seguridad, dice Berman. Le faltaban precio, foto y un enlace para comprar.

Por qué una sola opción no convence

La idea de fondo es contraintuitiva. Parece que el camino más corto a una venta es una única respuesta correcta: preguntar un par de cosas, afinar y entregar la elección.

Berman explica por qué no funciona. En el momento de decidir, la pregunta que tiene el cliente en la cabeza es: «¿esto es de verdad lo que me conviene?». Una única opción no le da nada con qué comprobarlo, y a la gente le cuesta juzgar algo aislado. Ver unas pocas alternativas, incluido por qué algunas no le encajan, hace más creíble la que sí.

El equilibrio que propone:

  • Demasiadas opciones, y el cliente no decide.
  • Demasiado pocas, y no se fía.
  • Poca información, y aplaza la decisión y se va.

Su conclusión es que la confianza es el camino más rápido a una decisión.

Lo que dicen los casos que cita

Berman reconoce que no hay una única respuesta correcta y que todo esto hay que probarlo. Pero cita dos trabajos de su consultora en los que se ofreció lo mismo: tres opciones con una recomendada.

  • Ahorro en una nómina. En la incorporación de nuevos empleados a la nómina de Intuit, se ofrecieron tres cantidades de ahorro con la del medio recomendada. Ahorró en torno al 20%, frente al 3% del grupo de control. La mayoría eligió la recomendada.
  • Reinversión de bonos. Con la bolsa brasileña B3, se envió a inversores con bonos a punto de vencer tres opciones parecidas a la que ya tenían, cada una rotulada por plazo y con la más popular señalada. Esa versión consiguió unas 4,3 veces más reinversiones programadas que el control.

Son casos de la propia consultora y en contextos muy distintos al tuyo. No prometen nada para una pyme. Lo que muestran es que el formato funciona en más sitios que una tienda de zapatillas.

Qué tiene que ver con tu negocio

Cuando un cliente te escribe, casi siempre te está pidiendo una recomendación, aunque no lo diga así. «¿Tenéis algo parecido a este coche pero automático?». «¿Qué pisos os quedan con terraza?». «¿Qué tratamiento me conviene?».

Y la primera respuesta suele caer en uno de dos extremos:

  1. La respuesta única. «Sí, tenemos este». Sin alternativas, sin motivo. El cliente no sabe si es lo mejor o lo único.
  2. El catálogo. Un enlace a la web, un PDF con todo o «pásate y lo ves». El cliente tiene que hacer el trabajo que esperaba que hicieras tú.

Las dos tienen el mismo resultado: el cliente aplaza. Y quien aplaza suele acabar contestando a otro que le ha puesto la decisión más fácil.

Cómo aplicarlo a la primera respuesta

La regla cabe en una línea: dos o tres opciones concretas, una recomendada y el porqué.

Ejemplo: un concesionario

Ejemplo: alguien escribe desde un portal preguntando por un SUV diésel de 2021 que ya está reservado.

La respuesta única sería: «Ese está reservado, lo siento». La de catálogo: «Mira nuestro stock en la web».

La de tres opciones sería algo así: «Ese ya está reservado. Tenemos tres que se le parecen: el mismo modelo de 2020 con menos kilómetros, uno de 2022 en gasolina y otro de la misma gama algo más grande. Por lo que cuentas, yo empezaría por el de 2020: es el más parecido al que buscabas. ¿Te va bien verlo el jueves o el sábado?».

Fíjate en lo que hace: compara, recomienda, da el motivo y termina con una elección fácil.

Ejemplo: una promotora con comprador extranjero

Ejemplo: un comprador del norte de Europa escribe preguntando por un piso con vistas al mar. Quedan tres tipologías.

Una buena respuesta las pone juntas con lo que el cliente necesita para decidir (planta, orientación, terraza, fecha de entrega) y marca una: «Si lo quiere para pasar los inviernos, le recomendaría el de la tercera planta: es el que más sol recibe». Hay más sobre este tipo de cliente en leads de comprador extranjero en obra nueva de costa.

Ejemplo: despachos y clínicas

Aquí hay un límite que no se negocia: la primera respuesta no valora el caso ni diagnostica. Lo que sí puede hacer es ofrecer opciones de siguiente paso.

Ejemplo: «Podemos verlo de tres formas: una llamada de diez minutos hoy, una primera consulta presencial esta semana o, si prefieres, nos envías la documentación y te contestamos por escrito. Si tienes prisa, te recomiendo la llamada». Se recomienda el camino, no el diagnóstico.

Lo que hace falta para recomendar bien

Recomendar bien exige cuatro cosas que no dependen de la redacción:

Datos reales delante. No puedes ofrecer tres coches si no sabes qué hay en stock esta mañana, ni tres pisos si no sabes cuáles siguen libres. Una recomendación sobre algo que ya no existe hace más daño que no recomendar.

Una pregunta antes. Para marcar una opción como recomendada necesitas saber algo del cliente: para qué lo quiere, para cuándo, cuánto quiere gastar. Si la consulta no lo dice, la primera respuesta puede dar las opciones y hacer esa pregunta a la vez.

Detalle que dé seguridad. El «bueno para pie ancho» de Berman. En tu negocio será «tiene la garantía del fabricante hasta 2027», «la terraza da al sur» o «hay cita el martes a primera hora». Es lo que convierte una lista en una recomendación.

Decir por qué no a las otras. Berman insiste en que ver por qué algunas opciones no encajan hace más creíble la que sí. En la práctica es media frase por alternativa: «el de 2022 es gasolina, y me dijiste que haces muchos kilómetros». No hace falta argumentar más. El cliente entiende que has pensado en su caso y no en vaciar el stock, y eso pesa más que cualquier descripción del producto.

Y si contesta un asistente automático

Muchas pymes ya tienen, o están pensando tener, un sistema que contesta solo fuera de horario. La lección del experimento le aplica igual, con dos matices.

El primero, que el asistente tiene que trabajar con los mismos datos que un comercial. Un asistente que recomienda sin mirar el stock es el Muse del experimento: vistoso, pero equivocado.

El segundo, que tiene que decir que es un asistente. La normativa europea de IA lo pide, y además es lo que el cliente espera. Lo explicamos en automatizar con límites.

Qué hacer esta semana

  1. Coge las cinco últimas consultas que te pidieron consejo y mira cómo las contestaste. ¿Una opción, el catálogo o unas pocas con una recomendada?
  2. Escribe una plantilla para tu consulta más frecuente: dos o tres opciones, una marcada y el motivo en una frase.
  3. Asegúrate de tener los datos a mano al contestar: stock, disponibilidad, huecos de agenda.
  4. Termina siempre con una elección fácil, no con «quedo a tu disposición».

Ninguno de los cuatro puntos requiere comprar nada. Es la diferencia entre contestar y ayudar a decidir.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Por qué tres opciones y no una?

Porque una sola opción no se puede comparar con nada, y a la gente le cuesta juzgar algo aislado. Con dos o tres alternativas, y una marcada como recomendada, el cliente ve por qué la recomendada le encaja y por qué las otras no.

¿Y si solo tengo un producto que encaje?

Las opciones no tienen que ser productos distintos. Pueden ser formas de seguir: verlo esta semana, recibir más información por escrito o una llamada corta. Lo importante es que el cliente elija entre pocas cosas claras y sepa cuál le aconsejas.

¿Esto se puede hacer en una respuesta automática?

Sí, si el sistema tiene los datos para hacerlo: el stock, los horarios o los servicios reales. Una respuesta automática que recomienda algo que no existe es peor que no recomendar. Y debe decir que es un asistente.

¿Vale en un despacho o una clínica?

Con un límite claro: la respuesta no valora el caso ni diagnostica. Lo que puede ofrecer son opciones de siguiente paso, como una primera consulta, una llamada o enviar documentación, con la recomendada según lo que el cliente ha contado sobre su disponibilidad.


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Este artículo es de la serie Tiempo de respuesta a los contactos. Qué es el tiempo de primera respuesta, cómo se mide con lo que ya tienes y qué hacer con lo que entra cuando no hay nadie. Respuesta automática a los contactos que entran →

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