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La IA no lee tu web entera, lee trozos: cómo escribir cada apartado para que se entienda solo

Parte de la serie sobre tiempo de respuesta a los contactos

Los sistemas de IA parten tus páginas en trozos y a veces solo leen uno. Qué cambia eso en los títulos, tablas, imágenes y apartados de la web de una pyme.

Accelera Nova Solutions

Cuando escribes una página de tu web, piensas en alguien que entra por arriba y baja hasta el final. La lee entera, en orden, y entiende cada párrafo porque ha leído el anterior.

Un sistema de IA muchas veces no la lee así. La parte en trozos y, cuando alguien pregunta algo, se queda con el trozo que mejor encaja. A veces ese trozo es lo único que ve de tu página.

Lo cuenta con detalle un artículo publicado el 31 de octubre en I'd Rather Be Writing, un blog de redacción técnica. Está escrito para quien redacta documentación de software, pero lo que explica se aplica igual a la página de servicios de una clínica, a la ficha de un coche o a la sección de preguntas de un despacho.

Esto va de qué significa para la web de una pyme y de qué puedes cambiar esta semana sin rehacer nada.

Cómo lee una página un sistema de IA

Según el artículo, hay al menos dos formas en las que un agente de IA lee una web.

La primera es la directa: busca, elige una página, la descarga y la lee entera, hasta donde le dé su límite de lectura.

La segunda es a través de un índice. Alguien ha recogido antes un montón de páginas, las ha troceado y las ha guardado. Cuando llega una pregunta, el sistema devuelve los trozos que más se parecen a ella. El proceso típico, según el artículo, tiene cuatro pasos:

  1. Recoger las páginas.
  2. Analizar su estructura: títulos, párrafos, listas, tablas, imágenes.
  3. Trocear cada página en pasajes que caben bajo un tamaño máximo.
  4. Indexar cada trozo para poder buscarlo después.

La frase clave del artículo es esta: el trozo es lo primero que ve el agente, y a veces lo único. Si el trozo no se entiende solo, puede que el agente ni siquiera sepa que le falta algo.

Cuánto mide un trozo

Depende de cada sistema. El artículo pone como ejemplo el buscador de documentos de Google Cloud, que trocea siguiendo la maquetación de la página: usa los títulos y las listas para decidir dónde empieza y dónde acaba cada trozo.

En ese sistema, el tamaño máximo por defecto es de 500 tokens. Un token es la unidad con la que la IA cuenta el texto; según la estimación de Google que recoge el artículo, 100 tokens son unas 60 a 80 palabras en inglés, así que un trozo da para unas 300 a 400 palabras. En español la cuenta cambia algo, pero el orden de magnitud sirve.

El ejemplo del artículo lo deja claro: un texto de 1.000 palabras sin ningún título acaba partido en tres o cuatro trozos. El primero tiene el título y la presentación del tema. El segundo y el tercero empiezan a mitad de la explicación.

Y aquí está el problema. Una frase como «este ajuste sustituye al de por defecto» no dice qué ajuste ni cuál es el de por defecto. En el sistema del ejemplo, cada trozo lleva el título de la página y su dirección, y poco más. Con eso tiene que orientarse quien lo lea.

Qué significa para la web de una pyme

Traducido a una web normal, hay seis sitios donde esto falla casi siempre.

Títulos de apartado que no dicen nada

«Nuestros servicios», «Más información», «Condiciones», «Preguntas frecuentes». Son títulos que podrían estar en cualquier web.

El artículo lo explica con un caso parecido: un trozo que empieza con «Limitaciones conocidas» puede ser de cualquier página; uno que empieza con «Limitaciones conocidas del modo sin conexión» le dice al lector qué está mirando. Pasa igual con los tuyos.

Ejemplo: una clínica dental con un apartado «Financiación» dentro de la página de implantes. Si el trozo que se recupera empieza por «Financiación», no dice de qué tratamiento ni de qué clínica. «Financiación de implantes dentales en la clínica de Alcalá» sí.

Títulos que solo lo parecen

Muchas webs hechas con plantillas tienen «títulos» que son párrafos en negrita y letra grande. Al ojo parecen títulos. Para una máquina, no.

El artículo es tajante con esto: al convertir la página a texto, los estilos se pierden y esos falsos títulos llegan como párrafos normales. Y los sistemas que trocean por estructura se fijan en las etiquetas de título de verdad, no en el tamaño de la letra. Si tu web no tiene títulos reales, el sistema no sabe dónde cortar.

Cómo comprobarlo sin saber programar: en el navegador del ordenador, clic derecho sobre el título, «Inspeccionar». Si la etiqueta que se marca empieza por h2 o h3, es un título. Si empieza por p, div o span, no lo es.

Apartados larguísimos

Una página de servicio con un único bloque de texto de mil palabras se trocea a ciegas. Lo que dice el artículo es sencillo: usa títulos de segundo y tercer nivel y que lo que va debajo de cada uno quepa en un trozo. Con el límite del ejemplo, unas 300 palabras de texto corrido, y menos si hay tablas.

No hace falta contar palabras con regla. Basta con que cada apartado conteste una sola pregunta.

Tablas largas

Las tablas de tarifas, de modelos o de horarios son de lo que peor aguanta el troceo. Si una tabla de cuarenta filas se parte y el trozo de las filas 25 a 40 no lleva la fila de cabecera, el lector recibe una lista de valores sin saber qué columna es cuál. «Sí», «No», «3»: ¿3 qué?

La recomendación del artículo: partir las tablas largas en tablas pequeñas, cada una bajo su propio título concreto, para que cada una tenga su cabecera.

Ejemplo: un concesionario con una tabla de toda la gama con versiones, motor y equipamiento. Mejor una tabla por modelo, bajo un título con el nombre del modelo, que una sola tabla enorme.

Información que solo está en una imagen

Esto en las pymes es muy habitual: el horario en un cartel, las tarifas en una foto, el mapa de cómo llegar en una imagen, las condiciones en un PDF escaneado.

El artículo explica que, al convertir una página a texto, una imagen se queda como mucho en su texto alternativo y su dirección. Algunos sistemas generan una descripción de la imagen, otros no. Su conclusión es la prudente: no confíes a ninguna imagen información que no esté también en el texto. Describe en el párrafo lo que muestra la imagen y pon un texto alternativo que diga algo. Es, además, lo que pide la accesibilidad.

Pestañas y avisos lejos de su sitio

Las pestañas («Particulares», «Empresas», «Autónomos») se ven cortas en pantalla, pero al convertir la página a texto se ponen una detrás de otra. Según el artículo, un apartado con cinco pestañas puede ser cinco veces más largo de lo que parece, y el nombre de la pestaña puede perderse por el camino. Un trozo con las condiciones para empresas que no dice «empresas» confunde a cualquiera.

Lo mismo con los avisos. El artículo pone el ejemplo de un procedimiento largo partido de forma que un trozo empieza en el paso 8, sin los pasos anteriores, y con la advertencia importante en otro trozo. Su consejo: procedimientos cortos, cada uno bajo un título que diga para qué sirve, y los avisos dentro del paso al que se refieren.

Ejemplo: un despacho que explica «Qué documentos traer a la primera cita». Si la nota «trae también las últimas tres nóminas» está al final de la página, lejos de la lista, puede acabar en otro trozo. Dentro de la lista, no se pierde. El texto explica qué traer; no valora el caso de nadie.

El caso que más te toca: tu propio asistente

Hay una situación en la que todo esto no es una hipótesis, es exactamente lo que pasa: cuando una empresa pone en su web o en su WhatsApp un asistente que contesta a partir de sus propios documentos.

Ese asistente funciona como el índice del que habla el artículo. Tus páginas, tus preguntas frecuentes y tus condiciones se trocean, y ante cada pregunta se recuperan unos pocos trozos. Si el trozo de «Plazos» no dice de qué servicio, el asistente puede contestar con el plazo de otro. Si la tabla de precios se partió sin cabecera, puede leer mal una columna.

Por eso, antes de culpar al asistente de contestar vago, conviene mirar qué le das para leer. Lo contamos desde otro ángulo en por qué un asistente suena genérico: casi siempre el problema está en el material, no en la máquina.

Qué hacer esta semana

Una lista corta, por orden. No hace falta tocar el diseño.

  1. Elige tus cinco páginas más importantes. Las de servicio y la de contacto, normalmente.
  2. Haz la prueba del trozo suelto. Copia cada apartado, pégalo solo en un documento en blanco y léelo como si no conocieras tu empresa. ¿Dice de qué servicio habla? ¿Dice dónde? Si no, añádelo en la primera frase.
  3. Cambia los títulos genéricos por títulos que digan de qué tratan. «Plazos» pasa a «Cuánto tarda una reforma de cocina».
  4. Comprueba que los títulos son títulos con el truco de «Inspeccionar».
  5. Pasa a texto lo que solo está en imágenes: horario, dirección, precios si los publicas, condiciones.
  6. Parte las tablas largas en tablas pequeñas con título propio.

El artículo hace una observación que quita mucho miedo: estos cambios de estructura no alteran lo que dice la página, así que no hace falta que los revise nadie más que tú. Cambiar «Plazos» por un título concreto no cambia el plazo.

Lo que no te va a dar esto es una garantía. Nadie ha publicado cómo trocea exactamente cada buscador con IA, y el propio artículo insiste en que cada sistema tiene sus reglas. Pero un apartado que se entiende solo es mejor para la máquina y para la persona que llega desde un enlace directo a ese apartado, que es casi todo el mundo.

Si quieres ver el resto de lo que influye en que te citen, lo resumimos en lo que se aprende de 12 meses de experimentos con búsquedas con IA.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Esto afecta a ChatGPT y a los resúmenes de IA de Google?

El artículo describe sistemas que buscan en un índice de documentos, como el de Google Cloud, y avisa de que cada uno trocea a su manera. Cómo trocean exactamente los buscadores públicos con IA no está publicado. Lo que sí es seguro es que un apartado que se entiende solo funciona mejor en cualquiera de los dos casos, y también para la persona que llega directa a ese apartado.

¿Tengo que rehacer mi web?

No. Casi todo son cambios de estructura: poner títulos de verdad, hacerlos concretos, partir apartados largos y escribir en texto lo que hoy solo está en una imagen. No cambian lo que dice la página.

Lo que sí conviene revisar con calma es el contenido que solo existe dentro de imágenes o de PDF escaneados: horarios, tarifas o condiciones que una máquina no puede leer como texto.

¿Qué es un token?

Es la unidad en la que un modelo de IA cuenta el texto. Según la estimación de Google que cita el artículo, 100 tokens son unas 60 a 80 palabras en inglés. En español la proporción cambia, así que la cifra sirve como orden de magnitud, no como regla.

Si pongo un asistente en mi web que conteste con mis documentos, ¿le pasa lo mismo?

Sí, ese es justo el caso que describe el artículo. Un asistente que busca en tus documentos suele recuperar trozos, no documentos enteros. Si el trozo que recupera no dice de qué servicio o de qué condición habla, la respuesta sale vaga o equivocada.


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Este artículo es de la serie Tiempo de respuesta a los contactos. Qué es el tiempo de primera respuesta, cómo se mide con lo que ya tienes y qué hacer con lo que entra cuando no hay nadie. Respuesta automática a los contactos que entran →

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