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Llamadas de «agentes de IA» que en realidad hacen humanos: por qué la transparencia importa al contestar a un cliente

Parte de la serie sobre tiempo de respuesta a los contactos

Meta prueba que llamadas de su agente de IA las hagan personas en un call center. Por qué decirle al cliente quién le contesta, persona o sistema, da confianza.

Accelera Nova Solutions

A mediados de septiembre, Meta amplió una función de su agente de IA, Muse: llamar a negocios en nombre del usuario para reservar mesa en un restaurante o pedir hora en la peluquería.

Días después, 404 Media publicó que parte de esas llamadas no las hace la IA. Según los mensajes internos que el medio pudo ver, Meta había añadido «una capa de agentes humanos para que las llamadas se completen»: personas en un call center que reciben la petición y hacen la llamada.

Es una noticia sobre una gran empresa tecnológica en Estados Unidos. Pero toca algo que cualquier pyme que conteste a sus clientes tiene que resolver: quien está al otro lado tiene derecho a saber si habla con una persona o con un sistema.

Qué pasó exactamente

Lo que cuenta 404 Media, resumido:

  • El 16 de septiembre, responsables de Muse anunciaron en X que ampliaban la beta de llamadas salientes a negocios de EE. UU.
  • Internamente, la compañía comunicó a sus empleados que Muse «ya no trabaja solo»: puede pasar la petición a un agente humano entrenado, que hace la llamada.
  • Según el medio, no está claro con qué frecuencia una llamada la hace una persona y cuándo la hace solo la IA.
  • Empleados que lo probaron no sabían que había llamado una persona hasta después. Uno de ellos lo resume así: al tester «no se le informó de que quien llamaba era humano y se le dijo después», y le preocupaba la información que había compartido suponiendo que la manejaba un sistema.
  • Otros empleados avisaron del riesgo de mala prensa y pidieron, como mínimo, que fuera una opción que el usuario pudiera elegir.

Un portavoz de Meta dijo al medio que se trata de pruebas internas, que la respuesta de los empleados ha sido mayoritariamente positiva y que solo lo lanzarán cuando esté listo y «con la información adecuada» para el usuario.

El problema no es la persona

Conviene no sacar la conclusión equivocada.

Que una persona intervenga no es un fallo. Muchas veces es lo correcto: hay llamadas que un sistema no debe hacer y conversaciones que tiene que tener alguien con criterio. Lo defendemos a menudo en este blog, por ejemplo en automatizar con límites.

El problema es otro: el usuario no sabía quién estaba al otro lado. Y eso rompe la confianza en las dos direcciones.

Si crees que habla un sistema y es una persona, cuentas cosas que quizá no contarías a un desconocido. El propio artículo pone el ejemplo: alguien que pide a Muse una cita médica delicada sin saber que la gestionará una persona.

Si crees que habla una persona y es un sistema, te sientes engañado cuando lo descubres. Y lo descubres: por una respuesta que no encaja, por un tono que no cambia, porque alguien te lo cuenta.

En los dos casos, lo que pierdes no es esa conversación. Es la credibilidad de todas las siguientes.

Lo que dice la ley en la UE

En la Unión Europea hay una norma específica. El Reglamento europeo de inteligencia artificial incluye obligaciones de transparencia: con carácter general, quien pone en marcha un sistema de IA que interactúa con personas debe hacer que esas personas sepan que están tratando con un sistema de IA, salvo que resulte evidente por el contexto.

No es consejo jurídico ni pretende serlo: las fechas de aplicación y los detalles dependen de cada caso, y conviene revisarlos con tu asesor. Pero la dirección está clara. Decir que contesta un sistema no es un extra de cortesía: es lo que se espera por norma.

Y aunque no existiera la norma, compensaría hacerlo.

Por qué decirlo genera confianza

Hay una intuición extendida: si el cliente sabe que le contesta un sistema, valorará menos la respuesta. No tiene por qué, si se cumplen dos condiciones.

La respuesta es útil

A quien ha escrito a las once de la noche preguntando si un coche sigue disponible no le importa tanto quién contesta como que la respuesta llegue y diga algo. «Sigue disponible, ¿te viene bien que un comercial te llame mañana entre las 10 y las 12?» es útil, lo diga una persona o un sistema.

Lo que molesta es una respuesta vacía que finge ser personal: «Hola, soy Laura, he recibido tu mensaje y te contesto pronto», cuando no hay ninguna Laura.

Se sabe qué viene después

La transparencia no es solo decir «esto es automático». Es explicar el siguiente paso: quién seguirá, cuándo y por qué canal.

Ejemplo: un despacho de 12 personas recibe una consulta de noche por el formulario de la web. La primera respuesta dice que es automática, confirma que la consulta ha llegado, hace una pregunta para poder avanzar y explica que una persona del equipo llamará al día siguiente por la mañana. El sistema no valora el caso; eso lo hace el abogado. Cuando llama la persona, se presenta con su nombre y ya conoce lo que el cliente escribió.

El cliente sabe en todo momento con quién habla. No hay sorpresa que administrar.

Cómo decir quién contesta, en la práctica

Cuatro reglas que aplicamos siempre.

1. La primera frase lo dice

Sin letra pequeña ni aviso escondido al final. Algo como: «Te contesta el sistema automático de [empresa]. Una persona del equipo seguirá contigo.»

En voz, igual: la primera frase de la llamada deja claro que es un sistema. Las voces que «suenan humanas» están bien para que la conversación sea agradable, no para que el cliente crea que habla con alguien de tu equipo.

2. Sin nombres inventados

Un sistema no firma como «Laura» ni como «Carlos». Si quieres que tenga un nombre de marca, que sea evidente que es un sistema. Los nombres propios son para las personas que existen.

3. Cuando entra una persona, se presenta

El cambio de sistema a persona tiene que notarse. «Soy Marta, del equipo de ventas; he leído lo que escribiste anoche.» Eso le dice al cliente que ahora habla con alguien que puede decidir, y que no tiene que repetirlo todo.

Y al revés: si una persona lee los mensajes que el cliente creía que solo procesaba un sistema, el cliente tiene que saberlo de antemano. Es exactamente lo que falló en el caso de Muse.

4. Menos datos sensibles en la parte automática

En clínicas y despachos, lo prudente es que la parte automática pida lo mínimo: nombre, contacto, motivo en pocas palabras, franja para llamar. Nada de detalles clínicos ni del caso. Esa conversación la tiene una persona, y el sistema no diagnostica ni valora casos.

Así, además, lo que dice el cliente llega a quien tiene que llegar, y no se queda en un sitio del que nadie le avisó.

Quién lee lo que escribe el cliente

Hay una segunda lección en el caso de Muse, menos visible que la primera.

Según 404 Media, Meta explicó a sus empleados que la información que el usuario compartía con la IA y que luego pasaba a los agentes humanos estaba segura porque esas personas habían recibido «mucha formación». Un empleado contestó que la formación «no es un mecanismo» de seguridad.

Sin entrar en el caso concreto, la pregunta es útil para cualquier empresa: ¿quién puede leer lo que escribe tu cliente?

Cuando un contacto entra por la web, por email o por un portal, pasa por varias manos: el sistema que lo recibe, la persona que lo reparte, el comercial que lo atiende, a veces alguien de fuera. Cada una de esas manos tiene que estar justificada y el cliente no debería llevarse sorpresas.

Tres preguntas que conviene poder contestar sin dudar:

  1. ¿Qué datos pide la parte automática y por qué necesita cada uno?
  2. ¿Quién del equipo ve cada contacto, y quién no debería verlo?
  3. Si un cliente pregunta quién ha leído su mensaje, ¿sabrías decírselo?

Si alguna respuesta es «no lo sé», eso se arregla antes de automatizar nada. Automatizar un proceso que nadie tiene claro solo hace que lo confuso vaya más rápido.

Revisa lo que dices hoy

No hace falta esperar a tener un sistema nuevo para aplicar esto. Abre ahora mismo tres cosas:

  • La respuesta automática de tu email o tu formulario. ¿Dice que es automática? ¿Dice qué pasa después y cuándo?
  • El mensaje del contestador. ¿Explica qué va a pasar con la llamada o solo pide que dejes un mensaje?
  • Las firmas de los mensajes que salen solos. ¿Firman con el nombre de alguien que no los ha escrito?

Si alguna finge ser una persona, cámbiala hoy. Es una frase, y es la que decide si el cliente se fía de todo lo que venga después.

Una ventaja, no una obligación incómoda

Lo que el caso de Meta deja a la vista es que la opacidad sale cara incluso a una empresa enorme. Lo que preocupaba a sus empleados no era la tecnología, era el titular: «usa personas en secreto».

Para una pyme el cálculo es más sencillo todavía. Tu ventaja frente a una gran cadena es precisamente que el cliente puede fiarse de quién le atiende. Si contestas en un minuto, dices que es un sistema y cumples lo que prometes sobre el siguiente paso, la confianza sube. Si finges, la pierdes en cuanto se note.

Si quieres ver por qué la rapidez de esa primera respuesta importa tanto, lo explicamos en el tiempo de respuesta a un lead.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Tengo que avisar al cliente de que le contesta un sistema automático?

En la Unión Europea, la ley de IA establece con carácter general que las personas deben saber que interactúan con un sistema de IA, salvo que sea evidente por el contexto. Más allá de la obligación, es lo que evita que el cliente se sienta engañado cuando lo descubre. Para tu caso concreto, consúltalo con tu asesor legal.

¿Avisar de que es un sistema no hace que el cliente desconfíe?

Menos que descubrirlo después. Un cliente que sabe con qué habla ajusta lo que cuenta y lo que espera. Si además recibe una respuesta útil en un minuto y sabe que una persona le seguirá, la mayoría lo agradece. Lo que genera desconfianza es la sensación de que le han ocultado algo.

¿Y si al principio contesta el sistema y después entra una persona?

Hay que decirlo en los dos momentos. La primera respuesta deja claro que es automática y quién seguirá. Cuando entra la persona, se presenta con su nombre. Así el cliente sabe siempre quién tiene delante y quién ha leído lo que ha escrito.

Si quien contesta es siempre una persona, también conviene decirlo. En un momento en que muchas respuestas son automáticas, eso tiene valor.

¿Qué información no debería pasar por un sistema automático?

Depende del sector, pero en clínicas y despachos lo prudente es que el sistema no pida ni valore detalles clínicos o del caso: da cita, recoge el motivo en pocas palabras y avisa a una persona. El sistema no diagnostica ni valora casos.


El diagnóstico gratuito es media hora mirando cómo entra hoy un contacto en tu empresa, quién lo contesta, cuánto tarda y qué se le dice al cliente sobre quién le atiende. De ahí sale qué parte conviene automatizar, cómo se avisa y en qué momento entra una persona.

Lo que hacemos, con los límites escritos antes de empezar, está en la página del sistema de respuesta a los contactos: primera respuesta con contenido en menos de 60 segundos a cualquier hora, diciendo siempre que es automática, la pregunta que falta hecha y el aviso a la persona que le toca con el contexto preparado. Sin tarifa publicada: el alcance y el importe se cierran por escrito después del diagnóstico.

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Este artículo es de la serie Tiempo de respuesta a los contactos. Qué es el tiempo de primera respuesta, cómo se mide con lo que ya tienes y qué hacer con lo que entra cuando no hay nadie. Respuesta automática a los contactos que entran →

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