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El 90% contesta cinco preguntas más si se las pides justo después de apuntarse: lo que tu página de «gracias» está desperdiciando

Parte de la serie sobre tiempo de respuesta a los contactos

Justo después de rellenar tu formulario es cuando más interés tiene un cliente, y casi todas las webs le dicen «gracias» y nada más. Cómo convertir ese momento en citas.

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En la newsletter de Exit Five del 27 de octubre, «How To Turn Webinars Into Pipeline (Before You Ever Go Live)», entrevistan a Logan Lyles, que dirige una agencia de seminarios web y ha organizado cerca de 100.

El artículo va de seminarios web, pero la idea sirve para cualquier formulario de cualquier pyme. Empieza con dos cifras:

  • Con suerte, alrededor del 35% de quienes se apuntan a un seminario web acaba conectándose en directo.
  • Pero el 100% ve la página de agradecimiento. Y en la mayoría de empresas, esa página dice poco más que «Gracias, nos vemos allí».

Lyles la llama un callejón sin salida. Esto va de por qué lo es también en tu web y de cómo convertirla en el sitio donde se fijan las citas.

El momento de más interés es el que se desperdicia

Piensa en cómo te apuntas tú a algo. Ves un tema que te interesa y te inscribes sin mirar ni la fecha. Si puedes, irás. Si no, ya verás la grabación.

Lyles dice que ese momento, el de apuntarse, es el de máximo interés que vas a conseguir. La persona acaba de decirte que el tema es para ella y te ha dado su correo. Y la respuesta habitual es despedirla.

En una pyme española pasa exactamente lo mismo con el formulario de presupuesto, la petición de cita o la descarga de una guía. Ejemplo: alguien pide presupuesto para reformar una cocina un martes a las once de la noche. La web le enseña «Gracias, nos pondremos en contacto contigo». Al día siguiente la empresa le llama, no lo coge, y cuando por fin hablan ya ha pedido otros dos presupuestos. En el momento en que más ganas tenía, nadie le preguntó nada.

Dos pasos, y que no parezca una encuesta

La solución de Lyles es partir el registro en dos:

  1. Primer paso: el formulario de siempre. Nombre, apellidos y correo. Al enviarlo, la persona ya está inscrita.
  2. Segundo paso: en lugar del mensaje de gracias, cinco o seis preguntas.

El truco está en cómo se presentan. No como una encuesta, sino como el final de la inscripción: «Completa tu inscripción respondiendo a unas preguntas».

Y un detalle técnico que importa: el correo del primer paso pasa al segundo sin que la persona lo vuelva a escribir, para que las respuestas queden unidas a su ficha. Nadie quiere teclear su correo dos veces.

¿Contesta alguien? Según Lyles, alrededor del 90%, y lo ha visto mantenerse durante 16 meses con distintos clientes. Uno que no se lo creía se quedó en el 89,5%.

La lógica es sencilla. Un formulario corto consigue más inscripciones; uno largo, más información. Partirlo te da las dos cosas: el corto mantiene las inscripciones y el segundo paso recoge lo que pediría un formulario largo, sin asustar a nadie al principio.

Primero lo fácil, después lo que duele

Las preguntas tienen tres trabajos, según Lyles: darte información propia sobre quién se apunta, decirte si encaja con lo que vendes y hacer que la persona piense en su problema antes de que le propongas algo.

El orden importa:

  • Empieza por lo fácil: dónde está, qué le describe mejor, tamaño de su empresa.
  • Salta lo que ya sabes. Si alguien contesta que es el dueño de la empresa, no le preguntes el cargo.
  • Quita lo que no vayas a usar. Si una pregunta no te sirve para decidir a quién se lo pasas, qué le contestas o cómo le sigues, fuera.
  • Después, el problema. Una o dos preguntas sobre dónde está su mayor dificultad.

Cuando alguien ha contestado eso, te ha dicho exactamente qué le preocupa. Lyles cuenta que hay quien le ha dicho que las preguntas le dejaron con ganas de reservar la llamada.

Una propuesta con nombre y la agenda a un clic

La última pregunta no es «¿quieres una demostración?». Es una propuesta concreta, con nombre. En el ejemplo del artículo, un plan personalizado de 40 páginas y una llamada para repasarlo.

Si la persona dice que sí, aterriza directamente en una página para elegir día y hora. Nada de «te llamaremos». Como dice el artículo, la rapidez en atender al contacto es clave.

Dos consejos más:

  • Que la página de la agenda se llame como la propuesta. Hay quien dice que sí y luego no reserva: recuérdale a qué ha dicho que sí.
  • Que la pregunta, la propuesta y la agenda cuenten la misma historia. Si algo parece un cambio de última hora, la persona se va justo antes de terminar.

El resultado que cuenta

Con este sistema, uno de sus clientes consiguió unas 30 reuniones de menos de 250 inscritos. Y dos tercios de esas reuniones se fijaron antes de que se celebrara el seminario.

Es decir, la mayor parte de las citas no salieron del seminario en sí, sino de la página que casi todo el mundo ignora. Incluida la gente que nunca iba a conectarse en directo.

Lyles usa el mismo esquema detrás de informes, guías y plantillas. Cualquier formulario sirve.

Qué significa para una pyme española

No hace falta organizar seminarios web. La pregunta es qué ve alguien justo después de rellenar cualquiera de tus formularios. Algunos ejemplos de cómo quedaría:

Ejemplo: una clínica dental. Primer paso: nombre y teléfono para pedir información sobre implantes. Segundo paso: si es para él o para un familiar, si ya ha pedido presupuesto en otra clínica, qué le preocupa más (el plazo, el dolor, la financiación) y, al final, «¿quieres elegir ya el día de tu primera visita?» con la agenda abierta. Sin pedir datos de salud que no se vayan a usar.

Ejemplo: una promotora de obra nueva en la costa. Primer paso: nombre, correo y país. Segundo paso: para qué quiere la vivienda, cuándo piensa comprar, cuántos dormitorios busca y una propuesta con nombre: «Videollamada de 20 minutos para enseñarte las viviendas que encajan». Y la agenda en su zona horaria.

Ejemplo: una asesoría que organiza una jornada. Primer paso: inscripción. Segundo paso: tamaño de la empresa, sector y cuál es su mayor duda sobre el tema de la jornada. Las respuestas sirven para preparar la jornada y para ofrecer, a quien encaje, media hora de revisión de su caso.

En los tres casos, la persona ya te había dejado sus datos en el primer paso. Si abandona en el segundo, no pierdes nada. Si sigue, sabes a quién pasárselo y qué decirle antes de llamarle.

Las respuestas tienen que llegar a alguien

Hay un error que convierte todo esto en papel mojado: recoger las respuestas y que no las lea nadie. Si la persona te ha contado que busca un piso de tres dormitorios para mudarse en primavera y la llamada del día siguiente empieza con «¿en qué podemos ayudarte?», ha perdido el tiempo y lo nota.

Las respuestas del segundo paso tienen que llegar a la ficha del contacto y al comercial que le toca antes de que nadie le llame. Y quien llame tiene que empezar por ahí: «Me dices que te preocupa sobre todo el plazo; te cuento cómo lo hacemos». Esa primera frase es la que demuestra que has escuchado.

Si quien dice que no quiere cita todavía también deja respuestas, guárdalas: te dicen qué le frena y cuándo tiene sentido volver a hablar con él.

Esto encaja con lo que contamos en el primer sitio para poner IA es tu formulario de contacto: el formulario no es el final de la conversación, es el principio.

Lo que no dice el artículo

Conviene leerlo con cuidado. Las cifras las da Lyles sobre sus propios clientes, y vende precisamente este servicio. No es un estudio con grupo de comparación. El 90% es lo que él ha visto, no lo que vas a ver tú: hay que medirlo con tu formulario.

También avisa de algo que vale para cualquier pyme: el segundo paso no arregla un mal producto. Si el seminario es malo, o el presupuesto llega tarde, la página de gracias no lo salva.

Y una precaución que el artículo no menciona porque es estadounidense: cada pregunta de más es un dato personal más. Pide solo lo que vayas a usar, explica para qué y, si tocas datos delicados, como los de salud, consúltalo antes con quien te lleve la protección de datos. Tampoco se trata de esconder tu contenido detrás de formularios: lo que quieres que encuentren los buscadores debe estar abierto, como explicamos en contenido tras formulario.

Qué hacer el lunes

  1. Rellena tus propios formularios y apunta qué ves después de enviar cada uno.
  2. Elige uno, el que más contactos te trae, y escribe las tres o cuatro preguntas que tu equipo hace siempre en la primera llamada.
  3. Ordénalas: primero las fáciles, después la del problema y al final una propuesta con nombre.
  4. Pon la agenda al final, con los huecos reales de quien atiende, para que quien diga que sí elija día en ese momento.
  5. Mide durante un mes cuántos contestan el segundo paso y cuántas citas salen de ahí, frente al mes anterior.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Qué es un formulario en dos pasos?

Un formulario corto (nombre, correo o teléfono) que ya registra la petición, seguido de una segunda pantalla con unas pocas preguntas más. Quien abandona en el segundo paso ya te ha dejado sus datos; quien sigue te cuenta lo que necesitas para atenderle bien.

¿No es mejor pedirlo todo en un único formulario?

Un formulario largo da más información pero hace que se apunte menos gente; uno corto, al revés. Partirlo en dos te da las dos cosas: la petición registrada con lo mínimo y el resto de la información de la mayoría, sin asustar a nadie al principio.

¿Qué preguntas pongo en el segundo paso?

Primero las fáciles (dónde está, qué tipo de cliente es), después la que describe su problema y al final una propuesta concreta con su nombre. Si una pregunta no te sirve para decidir a quién pasárselo, qué contestarle o cómo seguir, quítala.

¿Puedo pedir todos los datos que quiera?

No conviene. La norma de protección de datos pide recoger solo los que necesitas para la finalidad que explicas. Además, cada pregunta de más baja la respuesta. Pide lo que vayas a usar y explica para qué.

No es asesoramiento jurídico: si tratas datos sensibles, como los de salud en una clínica, consúltalo con quien te lleve la protección de datos.


El diagnóstico gratuito es media hora mirando qué pasa con un contacto desde que envía tu formulario: qué ve, qué se le pregunta, quién le contesta y cuánto tarda en tener una cita. De ahí sale qué preguntar y dónde se pierden.

Lo que hacemos está en la página del sistema de respuesta a los contactos: primera respuesta con contenido en menos de 60 segundos a cualquier hora, la pregunta que falta hecha y el aviso al comercial que le toca. Si quieres poner números a lo que te cuesta cada contacto, tienes la calculadora de coste por lead. Sin tarifa publicada: el alcance y el importe se cierran por escrito después del diagnóstico.

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Este artículo es de la serie Tiempo de respuesta a los contactos. Qué es el tiempo de primera respuesta, cómo se mide con lo que ya tienes y qué hacer con lo que entra cuando no hay nadie. Respuesta automática a los contactos que entran →

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Diagnóstico gratuito: revisamos tus procesos, te decimos qué se puede automatizar y con qué esfuerzo. De ahí sale un presupuesto cerrado por escrito, con el alcance delante y sin permanencia.

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