9 min de lectura

Antes de dejar que la IA conteste a tus clientes, cuenta por qué te escriben: y suéltala motivo a motivo

Parte de la serie sobre tiempo de respuesta a los contactos

Un ingeniero que dirigió herramientas de atención al cliente en Amazon propone dar autonomía a la IA un motivo de contacto cada vez. Cómo lo aplica una pyme sin equipo.

Accelera Nova Solutions

El 27 de octubre el ingeniero Steve Yegge publicó «The Counting House», un ensayo largo sobre cómo meter la IA en departamentos de atención al cliente que reciben millones de contactos al año.

La mayor parte del texto es arquitectura para bancos y aerolíneas. Pero hay una idea que vale igual para una clínica con dos recepcionistas o un concesionario con un comercial: la IA no se pone a contestar a tus clientes de golpe. Se le da permiso un motivo de contacto cada vez, y solo cuando ha demostrado que ese motivo lo hace bien.

Esto va de cómo aplicar esa idea sin tener departamento de datos.

De dónde sale la idea

Yegge cuenta que a principios de los 2000 dirigió durante un par de años el grupo de herramientas de atención al cliente de Amazon y que se reunía cada semana con Jeff Bezos para repasar el histograma de contactos de clientes.

La rutina era simple. Cada semana miraban los diez motivos por los que más escribían los clientes y asignaban cada uno a un responsable de negocio. Bezos usaba la atención al cliente para encontrar fallos en el resto de la empresa: si mucha gente escribía por lo mismo, algo estaba mal en otro sitio, y el dueño de ese sitio tenía que arreglarlo.

Según Yegge, la mayoría de las empresas todavía no funcionan así: su atención al cliente reacciona, pero no devuelve lo que aprende al resto del negocio.

Lo interesante para una pyme es que esa rutina no necesita IA. Necesita una lista.

Por qué funciona motivo a motivo

El argumento de Yegge es que la atención al cliente parece caótica, pero no lo es tanto. Hay mucho volumen y poca variedad. Una gran empresa puede tener desde unas pocas docenas hasta algunos cientos de motivos distintos, y cada uno se puede resolver por separado.

En una pyme la lista es todavía más corta. Ejemplo: una clínica dental privada puede descubrir que casi todo lo que le llega cabe en una docena de motivos: pedir cita, cambiarla, anularla, preguntar precio de un tratamiento, preguntar si aceptan un seguro, pedir la factura, una urgencia, una queja.

Cada uno de esos motivos tiene un riesgo distinto. Contestar mal «¿a qué hora abrís el sábado?» cuesta poco. Contestar mal una urgencia, o anular una cita que no había que anular, cuesta mucho más.

Por eso no tiene sentido decidir «la IA contesta» o «la IA no contesta» para todo. Se decide para cada motivo.

Los cinco niveles de autonomía

Yegge propone cinco niveles. Los traducimos tal cual los describe:

  1. Apagada. Ninguna IA atiende ese motivo. Lo llevan las personas. Es también el nivel al que vuelve todo si algo falla: las personas son siempre el respaldo.
  2. A la sombra. La IA contesta en silencio, en paralelo a la persona, y su respuesta no le llega a nadie. Solo sirve para comparar. No ahorra nada todavía.
  3. Ayudando. Antes de que la persona conteste, la IA le propone qué escribir y qué hacer. Es el primer nivel que ahorra tiempo, y también el primero con un riesgo nuevo: que la persona acabe haciendo lo que le diga la IA sin pensar.
  4. Contestando sola. La IA responde al cliente directamente, sin que lo vea antes una persona. Aquí aparece el riesgo de que algo que escriba dañe la reputación de la empresa.
  5. Actuando. La IA cambia cosas en tus sistemas: mueve una cita, emite una devolución, modifica un pedido. Es el nivel que más ahorra y el que más daño puede hacer.

La regla es que cada motivo empieza sin autonomía y la va ganando. Sube un escalón cuando ha demostrado que lo hace bien en el escalón anterior, no cuando alguien tiene prisa.

Para saber si la IA lo hace bien, primero mira cómo lo hacen las personas

Esta es la parte que casi nadie hace y la que más vale del ensayo.

Para comparar a la IA con tu equipo necesitas saber cómo de bien contesta tu equipo. Yegge propone coger casos reales ya atendidos por personas, para cada motivo, y puntuarlos con preguntas de sí o no: ¿siguió el procedimiento?, ¿el tono era el correcto?, ¿contestó lo que preguntaban?, ¿se hizo lo que había que hacer?

Para una gran empresa habla de entre 200 y 1000 casos reales por motivo. Una pyme no tiene esos números, y no pasa nada: lo que cuenta es el método.

Ejemplo: un despacho de abogados que recibe consultas por WhatsApp y por el formulario de la web. Coge las últimas treinta respuestas a «¿cuánto cuesta una consulta?» y las puntúa con cuatro preguntas: ¿se contestó el mismo día?, ¿se dio la información que el despacho quiere dar?, ¿se ofreció una cita?, ¿se evitó valorar el caso por escrito? Ya sabe cómo lo hace su equipo. Ahora puede comparar.

Un aviso del propio Yegge: ni siquiera dos personas puntuando el mismo caso se ponen de acuerdo siempre. Dice que suelen coincidir, como mucho, en torno al 90% de las veces. Eso es un techo: si tus propias personas no se ponen de acuerdo en qué es una buena respuesta, no vas a poder demostrar que la IA lo hace mejor. Y casi siempre significa que el procedimiento no está escrito, sino en la cabeza de alguien.

No todos los errores cuestan lo mismo

Yegge insiste en algo que en una pyme se ve enseguida: el porcentaje de aciertos no dice casi nada si no miras qué pasa cuando falla.

Su ejemplo es de una aerolínea. Confundir «¿sale mi vuelo?» con «cámbiame de vuelo» cuesta poco, porque se detecta antes de hacer daño. Dar una compensación a quien no le correspondía cuesta dinero. No dar asistencia especial a quien la necesitaba puede costar muchísimo más y acabar en una reclamación ante el regulador.

Traducido a una pyme:

  • Error barato: la IA manda la pregunta a la persona equivocada. Se pierde un rato.
  • Error caro para la empresa: la IA promete un descuento, un plazo o una condición que no existe.
  • Error caro para el cliente: la IA no detecta que es una urgencia, o contesta como si fuera una pregunta normal algo que había que pasar a una persona de inmediato.

Para cada motivo, pregúntate cuál de los tres errores es posible. Si es el tercero, ese motivo se queda en «ayudando» como mucho, y lo que la IA tiene que hacer muy bien es una sola cosa: darse cuenta y avisar.

La IA no toca tus datos directamente

La otra mitad del ensayo es técnica, pero tiene una regla que sirve a cualquiera: según Yegge, es mala idea dejar que la IA escriba directamente en tus sistemas. Lo que propone es que la IA pida el cambio y que otra pieza, mecánica, compruebe que es correcto antes de hacerlo: que la cita es de ese cliente, que la devolución entra en lo permitido, que no se hace dos veces. Las cantidades pequeñas se aprueban solas y las grandes van a una persona, y queda apuntado quién dijo que sí.

En una pyme eso se traduce en algo muy concreto: la IA puede proponer mover una cita, pero la cita la mueve el sistema de citas con sus reglas, o una persona. Nunca un texto libre que alguien tiene que creerse.

También propone que lo que la IA no puede resolver vaya a una cola con el motivo apuntado. Esa cola, dice, enseña dónde fallan tus procedimientos. Es, otra vez, la rutina de Bezos.

Qué hacer el lunes

No necesitas comprar nada para empezar. Necesitas tres semanas y una hoja.

  1. Apunta el motivo de cada contacto que entre durante dos o tres semanas, por todos los canales. Una columna basta. Que lo apunte quien contesta, en el momento.
  2. Ordena la lista de más a menos frecuente y quédate con los diez primeros. Esa es tu versión del histograma de Bezos.
  3. Pon a cada motivo su error posible: barato, caro para la empresa o caro para el cliente.
  4. Elige el primero: frecuente y de error barato. Casi siempre es información (horarios, ubicación, si algo está disponible, qué documentos traer).
  5. Escribe cómo se contesta bien ese motivo, en cuatro o cinco preguntas de sí o no, y puntúa con ellas una muestra de respuestas de tu equipo.
  6. Pruébalo a la sombra antes de que le llegue nada a un cliente. Lee las respuestas de la IA al lado de las de tu equipo con las mismas preguntas.

Y mira la lista también por lo que es: un informe de dónde falla tu empresa. Si el primer motivo es «¿dónde está mi pedido?», quizá el problema no es contestar más rápido, sino avisar antes.

Si tus contactos no se contestan rápido hoy, ese es el primer motivo que conviene atacar, y está explicado en cuánto tiempo tienes para contestar un contacto. Y si ya tienes un asistente funcionando, revisarlo por motivos es la mejor forma de que no empeore sin que nadie lo note.

Lo que no cambia

La IA no sustituye a tu equipo en esto. Yegge lo dice para empresas grandes y vale todavía más para una pequeña: las personas son quienes deciden qué es una buena respuesta, revisan lo que la IA no sabe resolver y siguen siendo el respaldo cuando algo se apaga.

Y un sistema automático que habla con tus clientes tiene que decir que es un asistente. Desde el primer mensaje.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Qué es un motivo de contacto?

Es la razón concreta por la que alguien te escribe: pedir precio, cambiar una cita, preguntar si algo está disponible, quejarse de un retraso. Es más fino que un buzón o una bandeja: «quiero cambiar la cita» y «quiero anular la cita» son motivos distintos aunque lleguen al mismo sitio, porque se resuelven distinto.

Recibo pocos mensajes al mes. ¿Esto me sirve?

La parte de los grandes números no, pero la forma de pensar sí. Con pocos contactos, apuntar el motivo de cada uno durante un mes ya te da la lista. Y con pocos casos por motivo, la prueba a la sombra la puedes revisar tú mismo leyendo las respuestas una a una.

¿Qué motivos nunca debería contestar sola la IA?

Los que, si salen mal, hacen daño al cliente o cuestan dinero: devoluciones, cambios en un pedido o una reserva, cualquier cosa que comprometa a la empresa. Y en despachos y clínicas, todo lo que suponga valorar un caso o una consulta de salud: ahí la IA solo recoge el dato y avisa a la persona que corresponde.

¿Tengo que avisar al cliente de que le contesta una IA?

Sí. Un sistema automático que conversa con un cliente debe decir que es un asistente. Además de ser lo que pide la normativa europea de IA para estos casos, evita que el cliente se sienta engañado cuando lo descubra.


El diagnóstico gratuito es media hora mirando con la hora delante qué te escriben tus clientes, por qué canal y quién lo contesta. Sale de ahí la lista de motivos y cuál conviene automatizar primero, y cuál no conviene tocar.

Lo que hacemos está en la página del sistema de respuesta a los contactos: primera respuesta con contenido en menos de 60 segundos a cualquier hora, la pregunta que falta hecha y el aviso a la persona que le toca, con el contexto preparado. Si lo que necesitas es IA aplicada a otra parte del negocio, está en IA para empresas. Sin tarifa publicada: el alcance y el importe se cierran por escrito después del diagnóstico.

Sigue leyendo

Este artículo es de la serie Tiempo de respuesta a los contactos. Qué es el tiempo de primera respuesta, cómo se mide con lo que ya tienes y qué hacer con lo que entra cuando no hay nadie. Respuesta automática a los contactos que entran →

Siguiente paso

Montamos esto en tu operación

Diagnóstico gratuito: revisamos tus procesos, te decimos qué se puede automatizar y con qué esfuerzo. De ahí sale un presupuesto cerrado por escrito, con el alcance delante y sin permanencia.

Para llevar a una reunión, aunque no sea con nosotros: la checklist de qué preguntar antes de automatizar la respuesta a leads. Se imprime y se marca pregunta a pregunta; vale para nosotros y para cualquier otro proveedor.

Y si antes prefieres ponerle cifras a tu caso, sin registro y sin hablar con nadie: la calculadora del coste de contestar tarde.